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esta impresión a veces, no de estar
ya muerto sino de reducirse a ser
lo que acompaña a la muerte, va y viene
en torno a un lecho, cuando la vida refluye
se mitiga el dolor y la agonía cesa—
y siente, como en otra época
antes de tiempo, el peso de las flores
y de la tierra, su propio cuerpo
pero la muerte tampoco se comparte.
[en R. San Geroteo. la palabra de un hombre. Trad. Miguel Casado. Barcelona: Icaria, 1999]
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