31.1.08

Olvido García Valdés [una nota]

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Lo mejor de los premios es que dan visibilidad y permiten, aunque sea sólo en contadas ocasiones, que los márgenes cobren voz. Lo digo a propósito de la reciente concesión del Premio Nacional de Poesía a Y todos estábamos vivos, último libro de Olvido
García Valdés (Santianes de Pravia, 1950), cuya escritura a partir de ahora será cada vez más difícil obviar, por más que, aunque empezara algo tarde a publicar, llevara ya años dando libros de extremada intensidad como ella, los pájaros (1994), caza nocturna (1997) o Del ojo al hueso (2001), por citar los más recientes, y fuera autora también de un extenso ensayo biográfico Teresa Jesús (2001), traductora de Pasolini y (en colaboración) de Amájtova y Tsvetáieva, editora de varias publicaciones fundamentales como Los infolios o El signo del gorrión, etcétera.
“Dar caza a la cosa (es decir, a la vida)” confiesa Olvido García Valdés que es la pretensión de su escritura, porque “el poema es un lugar raro donde se guarda la vida”. La escritura como un modo de estar en la vida y de pensarla (“Mi forma de pensar actualmente es escribir poesía”), la poesía como modo de verdad. Guiños modernos, podría decirse, pero también ciertos avisos tan caros al posmodernismo como ese minucioso trabajo con la serialidad. La indagación formal de sus poemas, a través principalmente de un acusado ejercicio de suspensión, suele remitir a una pregunta por lo ausente, que muchas veces encuentra correlato en la propia construcción sintáctica y semántica. Una negatividad de lo versal que, sin embargo, el deseo (cuerpo, intimidad) viene a corregir postulando con el poema esa verdad de un mundo inmanente, buen conocedor de su temporalidad: ahí la extrañeza de la retina pictórica de su escritura que es motor de contemplación y de relación con lo cotidiano. Y desde ahí, asumiendo su condición femenina, García Valdés cuestiona la categoría escritura femenina para buscar “lo neutro del habla; que procede, sin embargo, en femenino”, para buscar, en definitiva, el dudoso género del poema: “Yo escribo radicalmente en femenino, las huellas textuales de ese punto de vista tienen género femenino. Pero no sé si hay genero del poema, ¿Cuál es el género del amor? ¿y del dolor? El género del poema es acerado y huidizo, rugoso o resplandeciente. Como la muerte”. Y su lírica tan intransitiva como su deseo. -
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1 comments:

Viktor Gómez dijo...

Olvido y Miguel han trazado un damero donde se juega la partida real en clave de lenguaje poético y de aguda sensibilidad crítica desde lo intuitivo y también desde la filológica y semiótica resistencia a la banalidad, engaño y distracción de la cultura masiva presente.

Les quieren invisibles, ausentes de la escena inmanente desde la que se dice, habla y exortiza. Desde la que se niega lo obvio, se disfraza lo real y se ensordece al público con rüidos cargados de malintencionada lógica productiva. Se consume moralina, se endiosa la individualidad, se prescinde del rigor y de la eticidad en pro de un poetizar celebrativo, de un festin sonoroso sin fondo, quiero decir sin visión. Se mira la superficie pulida y limpia de lo próximo. Ni lo abisal ni las banderas detrás de la niebla importan.

Olvido ha ido dibujando un cuerpo extraño, común a los ojos de poetas integradores de la tradición otra a la sentimentalidad garciamontero, con la autenticidad de los exiliados, los perseguidos y encarcelados, los llamados "locos", "raros", "conflictivos". Así piensan y viven sin hilo de discontinuidad, así escojen a veces un subterraneo peregrinaje, así salen del punto de mira y caminan en solitario, haciendo de su escritura una no televisable saga hímnica, una festiva exultación vital sin compromisos.

De la rotura personal de Celan al dolor solidario de Tsvetáieva vienen de una tradición que es compromiso de verdad y ejercicio de libertad, una búsqueda en la intemperie de lo habitable, de lo no mercantilizado, de la palabra de honor dada para recordar a los olvidados, plasmando la crónica de un tiempo sombrío, sin perder la esperanza pero sin alabar a los usurpadores ni hacer mutis por el foro.

Darle espacio en tu blog es sin duda una opción. Cabal y valiente.

Olvido escribe desde su modo de estar en el mundo, consciente de lo bello y lo triste, de lo fugaz y lo perenne, sin negar la luminosidad ni por ello no ver las amenazadoras sombras. Atendiendo lo fragmentario, sin sucumbir a la desesperanza, pero asumiendo ese indeseado panorama donde lo superfluo se diviniza y lo necesario se oculta.

"me da miedo la luz/lo quieto de la luz/ el hueso de tu sien/contra la mía"

Olvido García Valdés
De ella, los pájaros
(1994)


Un abrazo

Viktor

 
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