25.5.08

Miguel Suárez: poemas de *La voz del cuidado*

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---Ventana al poniente

---Las ramas invernales de allí despun-
tan sus yemas aquí.

---Quien no se hace con un lugar arre-
molina nieve en torno a la puerta. Un
vagabundo pasa y con su pelliza avivó
esta lumbre.

---Cuando remueves las tejas, callan
las palabras de los ojos. Broza y musgo
descubres: la voz del cuidado.



---El lavadero de Warck

---Primrose,
no dejes el prado sin caballos, sin pan
del día las casas, los arrollos sin refle-
jos…

---Mira cómo el mundo viene con su
corteza a nuestros ojos. Carretera inver-
nal, barra de zinc y guantes de lana,
juke-box de nuestro amielado silencio.

---Ciérralos ahora: una lámina de hielo
se quiebra ahí afuera, nos ofrece su
agua. En la misma mano la bebimos.



---Jardines de Luxemburgo

---Ella es el pensamiento, sus patines
en lo bulevares, mis barquitos de chopo.
Así hace girar dos mundos.

---Los cita en cada párpado. La sombra
que embellece, un silencioso sol.

---Ella es el pensamiento. Infierno y
paraíso tienen árboles. Ella los baña.



***


---Sin lumbre. En el otoño más ronco
de nuestra vida. Pensamientos cayendo
como hojas. Cordiformes junto al brazo
amputado, mortecinos sobre la mano
leída con besos.

---Escaleras de la hospitalidad. Su
recodo hacia el espíritu; al patio de
luces. Postigo, ropa, pozo. La profunda
yedra. Un plato con pan y agua. ¿Vendrá
nuestro pájaro a aliviarnos?

---Rastro de cal bajo los andamios,
caballito plateado de mudanzas. En la
nuca de la multitud, silbaremos también
su sola nota: amparo.



Miguel Suárez. La voz del cuidado. Madrid: Ave del paraíso, 1994.
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2 comments:

Viktor Gómez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Viktor Gómez dijo...

Cómo logra zafarse Miguel de otras voces y cómo riela en solitario sus hallazgos y sus límites, eso y no otra cosa, eso es lo que me llevará a releer. A volver sobre el Jardín del Luxemburgo o la Ventana al poniente.

El cuidado del lector
sobre la voz del cuidado
es esa traslación del mirar
desprevenido al respirar
involuntario, así, un poco,
cómo cuando después de andar
un buen rato campo a través
empiezas a mirar y buscar
puntos de referencia en medio
de un lugar no visitado antes.

Hermoso, extraño, lenguaje
de hojas, piedra y viento.

Un abrazo

Viktor

 
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