14.6.08

Chus Fernández: los guantes del tercer portero (3)

13.6.08

Chus Fernández: los guantes del tercer portero (2)

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11.6.08

Chus Fernández: los guantes del tercer portero

en La Nueva España:



Labranda: un poema de Roger Santiváñez

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10.6.08

dossier de prensa: * Para un tiempo herido* de Enrique Falcón

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Enrique Falcón: Para un tiempo herido: antología poética 1998-2008.
Madrid: Ediciones Amagord, Madrid, 2008.
100 páginas. ISBN: 978-84-87302-77-0.


Acaba de publicarse un nuevo libro de Enrique Falcón: "Para un tiempo herido: antología poética 1998-2008", en la editorial madrileña Amagord.

En palabras del escritor argentino Rodrigo Galarza, "este breve pero intenso recorrido de diez años por la producción poética del valenciano Enrique Falcón, nos señala una vez más que el poeta ha sacado su palabra a la calle, haciendo de la misma una trinchera para enfrentar l realidad lacerante que nos circunda, siendo uno y todos los hombres del mundo, sobre todo aquellos sostenidos por sus propias carencias: yo bramo en vuestro propio / cordón uambilical. Poesía en carne viva con fusiles que alguna vez redimirán a los desamparados, a los olvidados y a las víctimas del sistema. Porque así como el poeta llama tiempo herido a esta época que nos toca vivir, llegarán otras en que brillará la luz de las tormentas".

Los 30 poemas que forman este volumen abarcan 10 años de escritura ininterrumpida y están extraídos de los libros siguientes: Los Otros Pobladores (editorial Germanía, 1998); AUTT (Crecida, 2002); Amonal (Idea, 2005); La marcha de 150.000.000 (Eclipsados, 2008); Taberna roja y otros poemas (ed. Baile del Sol, 2008); y Porción del enemigo (material inédito en 2008). El libro se presentará públicamente, este mes de junio, en Vallekas, en la Feria del Libro de Madrid y en Valencia y se puede encargar a Ediciones Amargord (escribiendo a: info@edicionesamargord.com) o conseguirlo en librerías de España y Latinoamérica.

Un poema de Para un tiempo herido:


ESCRIBIR DESPUÉS DE AUSCHWITZ

No nos está permitido conceder a Hitler ninguna victoria póstuma
(Emil L. Fackenheim)

Escribir entonces
para no conceder más victorias póstumas a Hitler:
la claudicación de nuestra esperanza,
nuestro olvido de las víctimas,
el paso tuyo amargo tras las escaleras.
Escribir, entonces, con un puñal en las manos,
con una boca viva hablando en nuestra propia boca.
Denunciar a los culpables
y salir al mundo fieramente
con poco más que rabia entre las uñas
con que hacer reventar lo viejo en lo ya nuevo;
—y estrangular los respiros
de la desaparición.



Enrique Falcón (Valencia, 1968) ha publicado hasta la fecha los libros de poesía El día que me llamé Pushkin (Ediciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1992; Premio ‘Antonio Machado’ de Poesía); La marcha de 150.000.000: 'El Saqueo' (Rialp, Madrid, 1994: accésit Premio ‘Adonais’ de Poesía); La marcha de 150.000.000: 'El Saqueo' y 'Los Otros Pobladores' (Germania, Valencia, 1998; Premio ‘Ojo Crítico’ de Poesía); AUTT (Crecida, Huelva, 2002); Nueve poemas (Universitat de Valencia, 2003); Amonal (Ediciones Idea, Tenerife, 2005); El amor, la ira (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2006); los cantos definitivos del libro-poema La marcha de 150.000.000: 'El Saqueo', 'Los Otros Pobladores', 'Para los que aún viven', 'La caída de Dios' y 'Canción de E' (Eclipsados, Zaragoza, 2008); y Taberna roja, y otros poemas (Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2008). Hasta 1994 formó parte del equipo crítico «Alicia bajo Cero», responsable del libro Poesía y Poder (Ediciones Bajo Cero, Valencia, 1997). Miembro del consejo de redacción de la extinta revista “Lunas Rojas”, ha coordinado los volúmenes No doblar las rodillas: siete proyectos críticos en la poesía española reciente (Universidad de Chile, Santiago, 2002), Once poetas críticos en la poesía española reciente (Baile del Sol, Tenerife, 2007) y Poesía y desorden (Contratiempos, Madrid, 2007). Más información en http://marchade150000000.blogsome.com/
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8.6.08

por fin aquí: número 10 de *7de7*

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[pincha en la imagen para ir a los 7s]



herrumbres

junio del 2008
número 10

contraseñas
tejido [Chus Fernández]
Desalojos [Miriam Reyes]
poemas [Pilar Fraile]
6 poemas [Eduardo Milán]
El ángel de la ira [María Ángeles Pérez López]
3 poemas [Luis Luna]
3 poemas [David Bustos]

cambio de aliento
Entrevista a Antonio Méndez Rubio [por Arturo Borra, Viktor Gómez y Laura Giordani]

resistencias
La necesidad de realidad[Miguel Ángel Gara]
C. K. Williams[Pablo Fidalgo Lareo]
Hormigas blancas (notas 2007-2008)[Jordi Doce]
El encuentro de la palabra y la cosa[Eduardo Fariña Poveda]
Épica, crónica, ironía[Luis Muñiz]
Balthus recuperado[Gabriel Bernal Granados]
Reseña de *NN* de Julio Espinosa Guerra[José Luis Gallero]

7.6.08

¿aquí? (2)

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30 de noviembre, 1911


Tres días sin escribir nada.

[Franz Kafka. Diarios (1910-1923). Trad. Feliu Formosa. Barcelona: Tusquets, 1995]
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¿aquí?

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30 de noviembre, 1911


Tres días sin escribir nada.

[Franz Kafka. Diarios (1910-1923). Trad. Feliu Formosa. Barcelona: Tusquets, 1995]
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30.5.08

*Los americanos* de Robet Frank. Introducción de Kerouac.

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Introducción
Jack Kerouac


Esa loca sensación en América cuando el sol calienta las calles y la música sale del jukebox o de un funeral cercano, eso es lo que Robert Frank a capturado en tremendas fotografías sacadas mientras viajaba por carretera alrededor de casi 48 estados en un viejo coche usado (becado por la Guggenheim) y con la agilidad, el misterio, el genio, la tristeza y el extraño secreto de una sombra ha fotografiado escenas que nunca antes habían sido vistas en película. Por esto sin duda será celebrado como un gran artista en su campo. Después de ver estas imágenes, terminas por no saber si un jukebox es más triste que un ataúd. Eso es porque siempre anda sacando fotos de jukeboxes y ataúdes (y de misterios intermediarios como el sacerdote Negro agachándose bajo el brillante y líquido vientre del mer del Mississippi en Baton Rouge por algún motivo al atardecer o temprano al amanecer con una blanca cruz nevosa y secretos conjuros nunca oídos más allá del bayou). O la imagen de una silla en un café con el sol filtrándose de la ventana para envolver la silla en un halo sagrado que nunca pensé que podría ser capturado por una película y mucho menos descrito enteramente con palabras en su hermosura visual.

¡El humor, la tristeza, la TOTALIDAD y Americanidad de esas imágenes! Un culo inquieto alto y delgado de vaquero a la salida del Madison Square Garden ante la temporada de rodeo, triste, larguirucho, increíble – Un tramo largo de carretera nocturna apuntando como una flecha a las inmensidades y a la llana e imposible-de-creer América en Nuevo México bajo la luna del prisionero—bajo el tantán de la guitarra estrella—Demacradas viejas rancias damas de Los Ángeles inclinadas intentando mirar desde la ventana derecha delantera del coche de Old Paw un domingo embobabas criticando para explicarles América a los niñitos del asiento trasero todo salpicado—el tipo tatuado durmiendo en la hierba de un parque de Cleveland, roncando muerto al mundo en una tarde de domingo con demasiados globos y barquitos—Hoboken en invierno, una plataforma llena de políticos todos con pinta normal hasta que de repente al otro extremo ves a uno de ellos fruncir los labios en una plegaria política (probablemente bostezando) que ni a un alma le importa—Un viejo dudoso con un bastón de anciano ante los viejos escalones hace tiempo derruidos—Un loco descansando bajo el palio de una bandera americana en un viejo coche roto en un patio de la fantástica Venice California, podría sentarme allí y pergeñar 30000 palabras (cuando trabajaba como ferroviario atravesé muchas veces por patios como ése asomándome desde la vieja cafetera humeante) (botellas vacías de Tokay entre la maleza de las palmeras)—Robert recoge a dos autoestopistas y les deja conducir el coche, por la noche, y la gente mira a sus dos caras mirando adustos hacia delante en la noche (“Visionarios ángeles indios que eran visionarios ángeles” dice Allen Ginsberg) y la gente dice “Uy parecen tan malos” pero todo lo que quieren hacer es ir como flechas por la carretera y regresar al saco –Robert está aquí para contarnos eso—St. Petersburgo Florida los abueletes pensionistas en un banco de la bulliciosa calle principal apoyándose en sus bastones y hablando sobre la seguridad social y una increíble mujer (creo) Semínola medio negra tirando de su cigarrillo con sus propios pensamientos, una imagen tan pura como el más hermoso solo de tenor de jazz...
Una imagen tan americana—las caras no manipulan ni critican ni dicen nada excepto “Así es como somos en la vida real y si no te gusta no me importan ‘porque vivo mi vida a mi manera y que Dios nos bendiga a todos, tal vez”... “”si se merece”...
Oye solitario ay de Lee Lucien, una cesta de gatitos...
Qué poema, qué poemas podría escribir sobre este libro de fotos algún día algún joven nuevo escritor a la luz de una lámpara inclinándose para describir cada misterioso detalle gris, la película gris que captó el verdadero jugo rosado de la humanidad. O si era la leche de la bondad humana, como lo quiso Shakespeare, al contemplar estas imágenes da igual. Mejor que una exposición.
Locacarretera conduciendo a la gente hacia delante—la carretera loca, solitaria, conduciendo en curvas a las aperturas de espacio hacia el horizonte de nieves de Wasatch que nos fue prometido en la visión del oeste, alturas vertebrales del fin del mundo, la costa del Pacífico azul estrellada en la noche—deshuesadas lunas de medio plátano pendientes en el cielo de la noche enmarañada, las tormentas de las grandes formaciones en la neblina, el invisible insecto acurrucado en el coche a toda velocidad hacia delante, iluminados—La pieza cruda, el drag, el culo, la estrella, el girasol en la hierba—tierras de culo anaranjado del oeste de la Arcadia, arenas desoladas de la tierra aislada, intemperie de exposiciones al infinito en un espacio negro, casa de la serpiente de cascabel y de la taltuza—el nivel del mundo, bajo y llano: la cargante muda sin descanso ni voz carretera inclinándose en un ataque de poder de lona en la ruta, fabulosos argumentos de terratenientes en verdes imprevistos, cunetas a los lados de la carretera, mientras miro. De aquí a Elko a lo largo del nivel de esta clavija paralela a los postes telefónicos puedo ver un bicho jugando bajo el sol caliente—zás, haz dedo más allá del tren de mercancías más rápido, gánale al humo, encuentra los muslos, gástate lo bueno, tira la mortaja, besa el lucero del alba en el vaso del alba—locacarretera conduciendo a la gente hacia delante. Trazos de lápiz de nuestro más débil deseo en el viaje al horizonte conciliados, la nube entrometida se ofusca en un enfangarse de distancia sin habla, las nubes oveja negra se cuelgan de una paralela por encima de los vapores de la CBQ—Pequeñas rocas de Missouri apiñadas atormentan los páramos, campos marrones secos ásperos llegan a la luz de la luna con el culo brillante de una vaca, postes de teléfonos escarban como palillos el tiempo, “punteando la inmensidad de puntos” el enloquecido viajero del coche solitario imprime su ansiosa insignificancia en placas y matrículas con el molde de la promesa de la vida. Escurre tu cuenco en el viejo Ohio y en las llanuras indias y de Illini, trae tus grandes ríos enlodados a través de Kansas y las tierras de barro, Yellowstone en el norte helado, agujerea lagos en Florida y L.A., levanta ciudades en la llanura blanca, moldea tus montañas arriba, adorna el oeste, engalana el oeste con valientes acantilados con setos levantándose hacia fama y alturas prometeicas—planta tus prisiones en la cuenca de la luna de Utah—empuja a tientas tierras de Canadá que terminan en las bahías árticas, uno del derecho otro del revés teje tu cuello mexicano, América—vamos a casa, a casa.
Descansando sobre su almohada satinada en el trance tremendo de la muerte, el Hombre, negro, y los locos dolientes que pasan a echarle un vistazo al Rostro Santo para ver cómo es la muerte y la muerte es como la vida, ¿cómo si no?—Ya sabes lo que dicen los sutras—La convención de Chicago con la cara elegante honrada persuasiva confiada con un puro de jefe sindical gordo como Nerón y deseoso como César en la atronadora
cerveza del vestíbulo inclinándose en confidencia—La mesa de juego en Butte Montana con pósters de elecciones pasadas y pequeños artilugios sobre los que golpear, la misma página editorial—
El coche envuelto en una elegante lona carísima (conocí a un camionero que pronunciaba lona de una manera muy particular) para que el hollín de la Malibú sin hollín no pidiera nuevo encerado mientras el dueño carpintero de a dos dólares la hora echa una cabezadita en casa con tele y señora, todo bajo las palmeras por nada, en la noche cementerial de California, aj, uf—En Idaho tres cruces donde los accidentes, donde ese espigado vaquero casi llega al Madison Square Garden cuando estaba a una milla—“Te dije que esperaras en el coche” dice la gente en Américca y entonces Robert echa un vistazo y fotografía a esos niñitos esperando en el coche, bien tres niñitos en una limusina, opíparos e impíos, o niñitos pobres que apenas pueden mantener los ojos abiertos en la Ruta 90 en Texas a las 4 a.m. mientras papá va a los arbustos y se estira—Los monstruos de la gasolina se levantan en los llanos de Nuevo México bajo grandes carteles que dicen AHORRA—el dulce bebé blanco en los brazos de la enfermera negra ambos perplejos en los Cielos, una imagen que debería haber sido explotada y colgada en la calle de Little Rock mostrando el amor bajo el cielo y en el vientre de nuestro universo la Madre—Y la imagen más solitaria nunca vista, las letrinas que las mujeres nunca ven, la limpieza de zapatos en triste eternidad—
Guau, y por encima del cementerio chino las flores de una colina de San Francisco clavadas con niebla de patatal en una noche de marzo en el que se diría que nadie estaría por allí excepto el gato de goma—
A cualquiera no le gustan esas fotitos no le gusta la poesía, ¿o no? A cualquiera no le gusta la poesía y se va a casa y ve en la tele escenas de vaqueros con sombreros grandes aguantados por caballos amables.
Robert Frank, suizo, discreto, amable, con esa pequeña cámara, que levanta y dispara con una mano se tragó un triste poema desde la misma América y lo pasó a película, haciéndose un sitio entre los grandes poetas trágicos del mundo.
A Robert Frank ahora le doy un mensaje: Tienes ojos.
Y digo: Esa pequeña vieja solitaria ascensorista que mira hacia arriba suspirando en un ascensor lleno de demonios borrosos, ¿cómo se llama? ¿dónde vive?


traducción de Marcos Canteli

[texto de introducción al catálogo Los americanos del fotógrafo suizo Robert Frank (Madrid: La Fábrica, 2008)]
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29.5.08

bienvenida: nueva página de Bartleby Editores

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pincha en la imagen para visitarlos o aquí
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25.5.08

Miguel Suárez: poemas de *La voz del cuidado*

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---Ventana al poniente

---Las ramas invernales de allí despun-
tan sus yemas aquí.

---Quien no se hace con un lugar arre-
molina nieve en torno a la puerta. Un
vagabundo pasa y con su pelliza avivó
esta lumbre.

---Cuando remueves las tejas, callan
las palabras de los ojos. Broza y musgo
descubres: la voz del cuidado.



---El lavadero de Warck

---Primrose,
no dejes el prado sin caballos, sin pan
del día las casas, los arrollos sin refle-
jos…

---Mira cómo el mundo viene con su
corteza a nuestros ojos. Carretera inver-
nal, barra de zinc y guantes de lana,
juke-box de nuestro amielado silencio.

---Ciérralos ahora: una lámina de hielo
se quiebra ahí afuera, nos ofrece su
agua. En la misma mano la bebimos.



---Jardines de Luxemburgo

---Ella es el pensamiento, sus patines
en lo bulevares, mis barquitos de chopo.
Así hace girar dos mundos.

---Los cita en cada párpado. La sombra
que embellece, un silencioso sol.

---Ella es el pensamiento. Infierno y
paraíso tienen árboles. Ella los baña.



***


---Sin lumbre. En el otoño más ronco
de nuestra vida. Pensamientos cayendo
como hojas. Cordiformes junto al brazo
amputado, mortecinos sobre la mano
leída con besos.

---Escaleras de la hospitalidad. Su
recodo hacia el espíritu; al patio de
luces. Postigo, ropa, pozo. La profunda
yedra. Un plato con pan y agua. ¿Vendrá
nuestro pájaro a aliviarnos?

---Rastro de cal bajo los andamios,
caballito plateado de mudanzas. En la
nuca de la multitud, silbaremos también
su sola nota: amparo.



Miguel Suárez. La voz del cuidado. Madrid: Ave del paraíso, 1994.
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23.5.08

conferencia de prensa

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21.5.08

Transitar el parpadeo: seis poetas españoles

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más sobre ellos aquí
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20.5.08

bienvenida: *peatom* con la columna de Víctor M. Díez

OPINIONES DE UN PAYASO
de Víctor M. Díez


La escritura araña

"Escribo sin carnet, a toda velocidad, sin respetar el código y, la verdad, bastante puesto… Nunca he respetado un stop en la escritura (me parecería un telegrama). Prefiero no mirar ni a derecha ni a izquierda (para lo que hay que ver). Lo cierto es que escribo como un loco, en contradirección, sin hacer caso a las señales, hablando por el móvil. No uso triángulos ni chaleco reflectante. Sé que me juego el dar con mis huesos en la cárcel de los plumillas, si me caza la patrulla censora, pero no me importa. Bajo la ventanilla y escribo a todo gas. Acumular puntos no es lo mío. Soy un imprudente" [para seguir leyéndola pincha en la foto]

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15.5.08

Hallelujah

13.5.08

Robert Rauschenberg: 1925-2008

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la noticia del NY Times y varias fotos

un video sobre cómo borró a De Kooning
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8.5.08

lo que escribe el ojo

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5.5.08

fragmento de una conversación entre John Ashbery y Kenneth Koch


K. K.: John, ¿no crees que ambos estamos demasiado preocupados con cuestiones de gusto? O, ¿no crees que es posible estar demasiado preocupado por eso?
J.A.: ¿Acaso hay algo más que cuestiones de gusto?
K.K.: ¿De qué manera cambiarías ese enunciado si quisieras ponerlo en un poema? Creo que sería un enunciado demasiado pomposo para meterlo en un poema. O demasiado obvio.

J. A.: Nunca metería un enunciado en un poema. Creo que la poesía debe reflexionar sobre enunciados previamente existentes.

K.K.: ¿Por qué?

J.A.: La poesía no tiene temas, porque es el tema. Nosotros somos el tema de la poesía, no al revés.

K.K.: ¿Podrías diferenciar tu enunciado de esa idea común (a la que lo que acabas de decir se parece punto por punto) sobre que los poemas tratan sobre la gente?

J.A.: Sí. Los poemas tratan sobre la gente y las cosas.
K.K.: Entonces, ¿cuando dijiste “nosotros” te referías también a los otros objetos de esta habitación?

J. A.: Claro.
K.K.: ¿Y qué tiene que ver eso con meter un enunciado en un poema?
J.A.: Cuando los enunciados aparecen en un poema son una mera parte de las refracciones combinadas de todo lo demás.

K.K.: Lo que quería decir es: ¿cómo se relaciona que la poesía trate sobre nosotros con el uso de enunciados en poesía?
J.A.: No se relaciona.

K.K.: Pero acabas de decirlo...
J.A.: No he dicho nada de eso. Anda, deja de hacerme esas preguntas.


[más fragmentos de la conversación original aquí]
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2.5.08

muyrecomendable: revista hache

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en ella hay poemas de Mariano Peyrou, Óscar Curieses, Ana Gorría, Javier Moreno, Luis Luna, Jorge Riechmann, etc. etc.
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29.4.08

presentación de *Por dónde camina la poesía española* en Madrid

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Revista Letra Internacional núm. 98

POR DÓNDE CAMINA LA POESÍA ESPAÑOLA:

Salvador Clotas, José Manuel Caballero Bonald, Marcos Canteli,
Rafael-José Díaz, Abraham Gragera, Antonio Lucas,
Elena Medel, Andrés Navarro, Carlos Pardo, Joaquín Pérez Azaústre,
Mariano Peyrou, Goretti Ramírez, José Luis Rey,
Miriam Reyes, Julieta Valero, Joan de la Vega y Javier Vela
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18.4.08

en red: poemas en la página de Luis Miguel Rabanal

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[haz click en la imagen para visitar su página]
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16.4.08

en el buzón: Jean-Yves Bériou

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Para Antoine Soriano


I

Azul, los oscuros del alba.
Vientos, los azules del cielo.
Cielo, muerte en Flor. Negro.



II

Sombras secas, risas negras.
Y los gritos de los cielos, ¿azules?
No, gime el azul negro, duerme.


III

Y las sombras de los árboles.
Y el hueso de la desgracia, en la garganta.
Sí, los astros, ahí arriba, en lo alto. Negros.


IV

Un astro negro, tu vida. Todavía.
Nuestras vidas, entre mareas. Azules
De miedo; ¡canta el hueso de la escarcha!


V

Y nuestras manos, secas. Jamás.
Y nuestros corazones, calcáreos. Plumas.
Tu vida, una mina oscura: los pájaros.


VI

En la mina, el minero.
El minero del grito, el hombre, el inhombre.
La mujer negra, azul, hueso, cielo.


VII

¿Quién grita entre dos muros?
¿Quién grita entre dos cielos?
¿Quién grita entre dos esferas?


VIII

El pus del mundo, los filos
Herrumbrosos; la infancia con ojos irritados.
El hedor de las lágrimas, Pájaros.


IX

Azul, los llantos del alba. Negros.
Cielo, vida, cuchillos, cuervos.
Viento, el grito, el martillo del cielo.
A ti, todavía.
------------------------(Barcelona, octubre 2000)

Traducción de Ana María Beaulieu

[publicado en la colección Cuadernos del Umbo -3]
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ayer en Brown

13.4.08

Rosmarie Waldrop: Hechos (2)



La proporción de accidente en mi imagen del mundo cae con la lluvia. A veces, por la noche, aire diluido. Me dijiste que las casas más pobres a orillas del río daban cuenta del nivel de la inundación, pero el mundo se divide en hechos como sorprendidos trotamundos a los que despeina un viento inesperado. Cuando dejaste de preparar las citas de los antiguos misóginos quedó claro que no tardarías en olvidar mi calle.
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[poema incluido en Another Language. Selected Poems. Jersey City, NJ: Talisman House, 1997]
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11.4.08

Rosmarie Waldrop: Hechos

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De las imágenes había deducido que el mundo era real y por lo tanto callé, porque quién sabe qué pasará si contamos verdades al subir las escaleras. De hecho, tenía miedo de seguir la imagen justo hasta donde alcanza a la realidad, desplegándose ante ella como una regla. Pensé que me moriría si mi nombre no me tocaba, o sólo con su extremo, dejando el interior abierto a tantos sondeos como un chaparrón de lluvia desde las nubes. Te reíste y le contaste a todo el mundo que había confundido la Torre de Babel con la Borrachera de Noé.


[poema incluido en Another Language. Selected Poems. Jersey City, NJ: Talisman House, 1997]
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10.4.08

dandolavoz: Ullán

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en El Boletín

"Ondulaciones aúna los últimos cuarenta años de José-Miguel Ullán"


en Canarias 7

"José-Miguel Ullán, entre el juego y la provocación" (artículo de Tomás García Yebra)




en EFE vía Yahoo

"Ondulaciones Ullán: el poso en el tiempo de un poeta desde el ruido de hoy"

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en El País

* entrevista de José Andrés Rojo a Ullán: "No conozco poesía que no tenga una querencia por lo oscuro"

* sus agrafismos aquí

* una entrada, *Taller con cachivaches*, en el blog de José Andrés Rojo aquí

* y, lo mejor, leer sus últimos poemas aquí

9.4.08

en el buzón: *Arrojada* de Carmen Camacho

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Carmen Camacho. Arrojada.
(Ilustraciones de Blanca Orozco).
Sevilla: Cangrejo Pistolero Ediciones, 2007.




Las alas de colorines se le pegaron al pellejo de su poco uso

y se le fueron llenando de gallinaza. Ahora, que sueña con
cabriolas en el aire, sólo puede imitar el cómico aleteo de la

pava.
(p. 64)



No me gustan. Las plumas ni nada que recuerde el vuelo

emprendido. En cambio crujo de gusto cuando muerdo

precisa el cráneo despejado, aéreo, del zorzal frito.


(p.82)

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itinerario / palimpsesto
para Arrojada de Carmen Camacho

si hay tesón
No es pose:

Entre juncos y sin biquini
Repuja el segundero y se pone bizca
La tañen por fuera.
Mi abuela sabe más que yo del fresco.

Calisto ya no estaba.
Confucio es cejijunto

Carmen tiene que estar.
¡Qué rico, el atávico rito del abanico!
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